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08 de febrero de 2010
LA ACADEMIA DE LA MÚSICA PREMIA EL COMPROMISO DE PERET CON LA RUMBA
Ha influido en varias generaciones de artistas: de Los Amaya a Estopa y de Las Grecas a Macaco
LA ACADEMIA DE LA MÚSICA PREMIA EL COMPROMISO DE PERET CON LA RUMBA
Peret

La Junta Directiva de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música ha decidido, por unanimidad, conceder a Pere Pubill Calaf, Peret, el Premio a Toda Una Vida de esta XIV edición de los Premios de la Música. El cantante catalán recibirá el galardón durante la gala de los Premios, que este año se celebrarán el 4 de marzo en el Teatro Häagen Dasz Calderón de Madrid.

Peret

Suenan aplausos. La mano derecha permanece en reposo sobre la caja de la guitarra. Súbitamente, emprende un endiablado movimiento de rasgueo, aporreo y tamborileo, todo en uno. Se ha encendido el ventilador. Sin darnos tiempo a recuperar el aliento, el frenético ritmo se demora un instante mientras la guitarra da dos vertiginosas vueltas de campana. El corazón en un puño. La guitarra vuelve a su posición natural. Abajo, dos piernas se cimbrean describiendo un arco imposible. Arriba, dos patillas majestuosas abrazan un rostro gitano, travieso y sonriente. Señoras y señores, con ustedes Pere Pubill Calaf, o lo que es lo mismo, Peret, el creador de la rumba catalana.

Aunque las comparaciones sean odiosas, tal vez en este caso sean pertinentes: Peret es a la rumba catalana lo que John Lee Hooker puede ser al blues o Dylan al folk electrificado, es decir, un pionero. Y en activo. Por eso merece nuestro respeto y este premio.

Peret nació en Mataró en 1935, pero se crió en el barcelonés barrio de El Raval. Allí los clanes gitanos iban a gestar una revolución musical de la que Peret sería padre y protagonista. La rumba gitana se maridó con la guaracha y el mambo de Pérez Prado para alumbrar un nuevo género: la rumba catalana. Poco importa ya cómo nació ese rasgueo percusivo conocido como el ventilador, ‘ese truco tan ingenioso y de fácil ejecución’ que diría el sabio Gato Pérez, porque lo crucial es que no se ha perdido: gracias, Peret.

Desde que en 1947 debutara con su hermana Pepita sobre las tablas del Tívoli barcelonés han pasado más de seis décadas de alegría repartida a manos llenas y de ascendiente sobre varias generaciones de artistas: de los Amaya a Estopa y de Las Grecas a Macaco.

Peret tuvo una infancia libre y feliz, con escasa o ninguna escolarización. Su aprendizaje se desarrolló en la calle y los mercados, donde acompañaba a su padre, tratante de textiles al que todo el mundo conocía como “el Mig Amic”. Así titularía Peret uno de sus temas, un tributo a su padre que, en palabras de Manuel Vázquez Montalbán, es la mejor canción de la nova cançó catalana.

El niño tenía una vocación musical desconocida hasta entonces en su familia. Pronto la guitarra se convirtió en su sombra y su innato gracejo le fue colocando más cerca de las juergas rumberas que del mercadeo de paños. Igual que a Bob Dylan, a Peret le cambió la vida un accidente de moto que tuvo a los 16 años. Desde entonces comenzó una carrera artística plena. Llegarían las actuaciones en el Teatro Victoria del Paralelo con sus fieles palmeros, los primeros singles, el traslado a Madrid y la inmensa popularidad de los años 60 y 70. Era una época en que los pinchadiscos de las discotecas apartaban un espacio para sus rumbas. De 1968 data el álbum Peret, que incluía éxitos como “Una lágrima”, “El gitano Antón”, “Amor a todo gas”, etc., y que fue incluido por la prestigiosa revista Rockdelux en la lista de los 100 mejores discos españoles del siglo XX. En 1974 alcanzó la cima de su popularidad representando a España en el Festival de Eurovisión con “Canta y sé feliz”; poco tiempo antes, su tema “Borriquito” había sido n.º 1 en España, Holanda y Alemania.

En los 80 vivió entregado al evangelismo y más tarde a la superación de una grave enfermedad. Pero todos lo recordábamos, hasta lo más granado de la movida. Baste recordar la gloriosa versión de “La noche del Hawaiano” que hicieran Los Peatones, el grupo más efímero de la historia, una maravillosa unión de media hora entre El Último de la Fila y Radio Futura en una fiesta de Radio 3.

Peret regresó en los 90 y hasta hoy sigue grabando y cuidando un legado que tiene continuidad. Como muestra un botón: el disco de homenaje editado por Chewaka en 2000, donde escuchamos remozadísimas versiones de sus éxitos en compañía de admiradores de las nuevas generaciones (Ojos de Brujo, Los Enemigos, Fermín Muguruza, Amparanoia o el mismísimo David Byrne).

El rumbero mayor del reino goza de una extraordinaria salud artística. En 2009 nos regaló un soberbio repaso a melodías que marcaron su infancia, como “Rascayú” o “María de la O”, en el disco De los cobardes nunca se ha escrito nada. Puro genio. Y que nos dure.

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